Purroy se llamaba el enterrador del pueblo. En una ocasión, salieron unas imágenes en televisión en las que se veía una buena cantidad de féretros alineados, que recogían los restos de las víctimas de una catástrofe. El enterrador las veía rodeado de gente en el bar del pueblo. De repente, no pudo reprimir una exclamáción "¡Qué hermosura!" , sin duda recordando la fuente de sus ingresos.
Desde entonces, esta frase se usa irónicamente para referirse a las desgracias:
¡Vaya hermosura!
Sí, la hermosura Purroy.



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